Ella tan inocente que era, llegó a darse de bruces contra el suelo más de una vez.
Llego a tocar el suelo en mucha ocasiones y a hundirse otras tantas y cuando menos lo esperaba la vida le regalaba un momento en el que ella podía respirar tranquila.
Dicho momento pasó a ser un largo periodo de tiempo, no se lo creía, era de las que pensaba que algo allí le iba a ocurrir cuando menos se lo esperase.
Esta vez se equivocaba y es que había aprendido a vivir y a ser feliz con ella misma, había encontrado sin darse cuenta aquello que había buscado durante tanto tiempo.
Había aprendido lo que era tener amor propio, valor y sobre todo a tenerse a ella misma y elegirse por encima de todo y de todos.
Ahí fue cuándo se dio cuenta de lo que era la verdadera felicidad.