Vivimos en un mundo dónde tenemos las manos ocupadas y no por otras manos sino por un aparato electrónico y eso no debería ser así.
Veo a todas horas personas con sus amigos tomándose algo en una terraza y no se miran a los ojos, su mirada esta clavada en la vida de los demás por eso se ignoran estando juntos.
Después se escucha, «tío, no se nada de ti» y al otro que responde «tú que no me hablas».
Ya pocas llamadas se hacen, pocas tardes de charlas y cartas, risas y llantos. Pocas tardes de cine y palomitas y también el café de después para comentar la película, pocas veces vemos abrazos sinceros y miradas que se dicen te quiero.
Ya todo es efímero, se nos está escapando el contacto social real, ya vivimos a través de pantallas y demostramos solo lo que queremos que la gente vea.
Que la vida no es más bonita si publicas a cada hora lo que haces, que a veces, vale más unas risas y ser confidente de alguien y que nadie más se entere, poca gente recordará lo que era quedar a la puerta del instituto para pasarte dos horas en un banco de tu ciudad o en una simple cafetería hablando de todo y de nada a la vez.
Que bonito es mostrar nuestra felicidad por redes sociales, pero es aún más autentico vivirlo y recordarlo.
Así que ten esto presente, que hay poca gente a tu alrededor que vive sin esta necesidad continúa de querer mostrarlo todo, aprecia a las personas que tienes delante y te brindan su apoyo o su tiempo porqué lo están perdiendo por ti y quizás cuando te des cuenta, levantes las cabeza de tu móvil, alomejor y solo alomejor ya no estarán.
Aprovecha cada instante con tu familia, pareja, amigos… Porque cada momento es único.